Los días unos sobre otros.
Me siento espora, la casa es un gigante, las escaleras crecen hacia abajo….
Háblame de tu sonido, de la perfección de tu llanto sobre la almohada, de nuestro encuentro inesperado, del esperado, de tus sábanas, del día. Del día porque la noche me está dictando delirios y aves y aterciopelados renglones que mueren sin tus ojos.
Camino de un lado a otro para que los fantasmas no me muerdan las horas, para que tu fantasma no se siente junto a mí y me pregunto qué se colgará de tus pestañas disfrazado de sal líquida.
Tengo los zapatos en agua, los días fríos, un café envenenando mis labios y tu nombre. Hace tantos días que pienso tu cabello como una batalla. ¿Qué hago tan lejos? Quiero soñar contigo y quedarme ahí.
Mudos nudos de sol tibio habitan mi espalda, la paciencia inmóvil de la tarde me obliga a mover tu nombre en mi boca. Me cubro la cara porque la hora gris lastima mis ojos con su dimensión de nostalgia…. me cuelgo el tiempo en el cabello.
Poesías se estrellan contra el muro blanco que está frente a mí. De pronto, ya no hay espacio sin palabras. Más letras incompletas para un sitio recurrente pero desconocido. Sabotaje de la palabra.


